El verano trae consigo mayor exposición al sol, actividades al aire libre y visitas frecuentes a playas, piscinas y clubes. Sin embargo, también incrementa considerablemente el riesgo de infecciones por hongos en la piel y las uñas.
El calor y la humedad crean el ambiente ideal para que estos microorganismos se reproduzcan con facilidad. Además, el uso de espacios compartidos multiplica las probabilidades de contagio.
La dermatóloga Natalia Merino, de EsSalud, advierte que uno de los principales riesgos durante el verano es la exposición constante a superficies húmedas y de uso común.
En playas, piscinas y vestuarios, las personas caminan descalzas y están en contacto directo con áreas donde pueden permanecer esporas de hongos activas.
Como señala la especialista: “Estamos expuestos a contacto con muchas personas que no conocemos, entonces no sabemos si esas personas tienen hongos o no y nos podrían estar contagiando”.
El problema radica en que muchas infecciones son asintomáticas en etapas iniciales, lo que facilita la transmisión sin que el portador sea consciente.
Durante el verano ocurren varios factores simultáneos:
Mayor sudoración.
Permanencia prolongada con ropa o trajes de baño húmedos.
Superficies constantemente mojadas.
Caminar descalzo en duchas y alrededores de piscinas.
Compartir áreas comunes con alto tránsito de personas.
Las esporas fúngicas pueden sobrevivir en superficies húmedas por horas, aumentando la probabilidad de infección.
Las áreas más vulnerables en temporada de verano son:
Planta de los pies.
Espacios entre los dedos.
Uñas de los pies.
Zona inguinal.
Axilas.
Estas regiones conservan humedad y calor, lo que favorece la proliferación del hongo.
Picazón persistente.
Descamación o grietas en la piel.
Cambios de color en la uña.
Engrosamiento o fragilidad ungueal.
Enrojecimiento o ardor en pliegues cutáneos.
Detectar estos signos a tiempo permite iniciar tratamiento antes de que la infección se vuelva crónica.
La prevención es la herramienta más efectiva durante el verano:
Usar siempre sandalias en duchas y alrededores de piscinas.
Secar completamente los pies y pliegues después de salir del agua.
No permanecer con ropa húmeda durante mucho tiempo.
Evitar compartir toallas o prendas personales.
Desinfectar el calzado regularmente.
Revisar periódicamente las uñas si se frecuentan estos espacios.
La dermatóloga enfatiza que conocer las zonas de mayor riesgo y adoptar hábitos preventivos reduce significativamente la probabilidad de infección.
Si los síntomas persisten más de algunos días o afectan las uñas, es importante buscar evaluación profesional. La automedicación puede aliviar temporalmente la molestia, pero no siempre elimina el hongo.
Un diagnóstico correcto evita que la infección se propague a otras uñas o miembros de la familia.
En Edwards Podólogos realizamos evaluación clínica integral para detectar infecciones por hongos en piel y uñas, especialmente frecuentes durante el verano en playas y piscinas. Ofrecemos tratamientos personalizados y terapia láser para casos persistentes.
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